
Poeta
Gustavo Adolfo Bécquer
1836 – 1870
El poeta que enseñó a España a susurrar. Vivió poco, escribió poco y dejó unas Rimas que caben en un bolsillo y unas Leyendas que siguen dando miedo. Murió pobre a los 34 años, con apenas una quincena de rimas publicadas en periódicos; sus amigos las reunieron al año siguiente y ya no se han dejado de leer.
«¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.»
— Rima XXI, en «Obras», 1871
También dijo
«Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán.»
— Rima LIII, en «Obras», 1871
«El alma que hablar puede con los ojos, también puede besar con la mirada.»
— Rima XX, en «Obras», 1871
«Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía.»
— Rima IV, en «Obras», 1871
La vida de Gustavo Adolfo Bécquer
Recorrer su vida
17 de febrero de 1836
Nace en Sevilla
Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida nace en la actual calle Conde de Barajas y lo bautizan en San Lorenzo. Es hijo de José Domínguez Bécquer, pintor de costumbres sevillano, que firmaba con el apellido flamenco de sus antepasados. Gustavo y su hermano Valeriano lo heredarán como nombre artístico.

Su casa natal en Sevilla, con la lápida que le pusieron en 1887. — Anual · CC BY 3.0 · Wikimedia Commons 1841 – 1847
Huérfano dos veces
Su padre muere en enero de 1841, cuando Gustavo está a punto de cumplir cinco años; su madre, en 1847, cuando tiene once. En el colegio de San Telmo conoce a Narciso Campillo, con el que escribe su primer drama. Su madrina, Manuela Monnehay, le abre su biblioteca: Horacio, Shakespeare, Zorrilla, Víctor Hugo, Byron. Allí descubre que las palabras también pueden ser casa.
1848 – 1854
«Tú no serás nunca un buen pintor»
Estudia dibujo y entra en el taller de su pariente, el pintor Joaquín Domínguez Bécquer, que acaba sentenciando: «Tú no serás nunca un buen pintor, sino un mal literato». Acertó a medias. Gustavo llena de versos y dibujos el viejo libro de cuentas de su padre y publica sus primeros poemas en revistas sevillanas.
Octubre de 1854
Madrid, con treinta duros
Con 18 años se planta en Madrid con treinta duros en el bolsillo y la cabeza llena de versos. Vive en pensiones de la calle Hortaleza, escribe por encargo, firma zarzuelas como «Adolfo García» con su amigo Luis García de Luna y en 1857 se embarca en una «Historia de los templos de España». La bohemia le da libertad y le cobra salud.
1858 – 1861
La musa y la mujer
Conoce a Julia Espín, hija del compositor Joaquín Espín, y llena sus álbumes de dibujos y versos; según su amigo Eusebio Blasco, la quiso sin ser correspondido. El 19 de mayo de 1861 se casa con Casta Esteban en la iglesia de San Sebastián de Madrid, con la que tendrá tres hijos. En sus Rimas entra todo: amor que se pierde, amor que duele, amor que se recuerda.

Fausto, un dibujo suyo en el álbum de Julia Espín, 1860. — Gustavo Adolfo Bécquer · Dominio público · Wikimedia Commons 1858 – 1864
Las Leyendas
Todo empieza con una enfermedad: en 1858, para pagar a los médicos, su amigo Ramón Rodríguez Correa publica su primera leyenda, «El caudillo de las manos rojas». Luego llegan, en la prensa, «El monte de las ánimas» y «Los ojos verdes» (1861) o «El rayo de luna» (1862), y en «El Contemporáneo» sus «Cartas literarias a una mujer». Soria, Toledo y Sevilla se llenan de fantasmas.
1863 – 1864
Veruela
Enfermo de los pulmones, se retira con su mujer, su hijo y su hermano Valeriano al monasterio de Veruela, al pie del Moncayo. Desde allí manda a «El Contemporáneo» las nueve cartas de «Desde mi celda», publicadas entre mayo y octubre de 1864. Ese verano, en Algorta, ve el mar por primera vez.

El monasterio de Veruela, donde convaleció y escribió «Desde mi celda». — Diego Delso · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons 1868
El libro perdido
Su protector, el ministro Luis González Bravo, iba a prologar y pagar la edición de las Rimas, pero con la revolución de septiembre de 1868 el manuscrito se pierde. Bécquer las reconstruye en un libro de contabilidad al que titula «Libro de los gorriones»: «Poesías que recuerdo del libro perdido». Hoy se guarda en la Biblioteca Nacional.
22 de diciembre de 1870
El año más triste
En septiembre muere Valeriano, su hermano y compañero de todo, y Gustavo no levanta cabeza. Muere tres meses después en su casa de la calle Claudio Coello de Madrid, a los 34 años, en unos días de temporal y nieve. Se lleva unas Rimas que casi nadie había leído juntas.
1871
Las Rimas salen a la luz
Dos días después de su muerte, sus amigos —el pintor José Casado del Alisal, Augusto Ferrán, Ramón Rodríguez Correa— se reúnen para publicar su obra y ayudar a las viudas de los dos hermanos. Las «Obras» salen en el verano de 1871, con las Rimas y las Leyendas. En 1915 ya iban por la octava edición. Empieza entonces la vida más larga de Bécquer: la nuestra.

El primer tomo de sus «Obras», Madrid, 1871. — Instituto Cervantes · Dominio público · Wikimedia Commons
Su banda sonora
Las canciones de Gustavo Adolfo Bécquer
- Volverán las oscuras golondrinas — Paco IbáñezEl cantautor que puso voz a los grandes poetas españoles le dedicó, junto a Rosalía de Castro, el disco «La palabra más tuya».Escuchar en YouTube (se abre en otra pestaña)
- Rimas de Bécquer — Isaac Albéniz · Elena Copons y Josep SurinyacEn 1892 Albéniz puso música a «Del salón en el ángulo oscuro» y a otras rimas: Bécquer ya se cantaba en los salones veinte años después de morir.Escuchar en YouTube (se abre en otra pestaña)
- Dos rimas: «Olas gigantes» — Manuel de Falla · Maya Villanueva y David SaudubrayUn Falla muy joven también cayó en las Rimas: sus «Dos rimas» para voz y piano son de 1900.Escuchar en YouTube (se abre en otra pestaña)
El muro
Notas para Gustavo Adolfo Bécquer
5 notas en el muro
El patio donde aprendiste a rimar sigue teniendo naranjos.
— Sevilla
Te seguimos recitando, Gustavo. Aunque no quieras.
— Los institutos
«Poesía eres tú» fue la primera frase que le dije a mi marido. Funcionó.
— Una enamorada
En noviembre el monte de las ánimas sigue dando miedo.
— Soria
— Veruela
Esta vida es un ejemplo hecho con Vidario.
La de tu gente puede verse igual: sus historias, sus fotos, su música y un muro donde cualquiera pueda dejar una nota.
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